México y Brasil, el juego empatado por el capital

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Las rondas son uno de los ejemplos más claros de competencia en el sector petrolero (si quieres repasar qué es una ronda y cómo funciona, visita nuestra infografía). Las compañías compiten por ofrecer los mejores términos al Estado para ganar la posibilidad de explorar y, en algunos casos, producir.

Sin embargo, una parte frecuentemente ignorada es que lo inverso también es cierto: los países compiten por la inversión de la industria a nivel global. En 2016, la industria invirtió 434 mil millones de dólares, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía. Como cualquier recurso, tiene límites claros y, de hecho, bastante estables y predecibles. Justo esta fue la premisa que nos hizo concluir, hace unas semanas, que México debe aspirar a tener 2.4% del market share de inversiones petroleras. Debe ganarle terreno a los otros Estados que buscan atraer este tipo de capital.

Así como las compañías han ido adaptando y refinando sus estrategias para adaptarse a la competencia, nuestro país tendrá que hacer lo mismo. Bajo el nuevo modelo, México deberá monitorear las políticas de países que puedan competir con el tamaño y tipo de recursos que ofrece –y ajustar las propias para continuar siendo competitivo.

El mejor ejemplo de este tipo de competidor es Brasil. Acaba de modificar sus reglas internas para recuperar la competitividad perdida por desacertadas políticas de contenido local y asociación que, persiguiendo ideas nacionalistas, impusieron un freno en el desarrollo de la industria. En consecuencia, está re-emergiendo como un imán de inversiones.

El “estrenón” de estas nuevas políticas se dio esta semana con la conclusión de una ronda petrolera (Rodada 14) con un set de nuevas disposiciones y una nueva estrategia. La subasta incluyó 287 bloques petroleros que abarcaban tanto campos terrestres como marinos. De éstos, 37 fueron adjudicados. Si midiéramos el éxito de la licitación por el número de bloques adjudicados —como se ha hecho equivocadamente en México— entonces podría verse como un proceso fracasado al conseguir una adjudicación del 13 por ciento; sin embargo, la estrategia de Brasil ve más por el valor de lo adjudicado que por el volumen de bloques colocados.

Decio Oddone, director general del regulador petrolero, la Agencia Nacional del Petróleo (ANP) explicó a O Globo que el objetivo de ofrecer áreas tan diversas fue dinamizar al sector.

“Para darle dinamismo a la industria, resolvimos expandir el abanico (de áreas). Conseguimos asegurar la actividad en todas las cuencas terrestres que se ofrecieron este año. Ya esperábamos no tener un número grande de bloques adjudicados, pero la estrategia fue esa misma. Esperamos que esta ronda sirva de indicador para las cuencas marinas pero también para las cuencas terrestres y estimular su desarrollo”.

Otro éxito que trajo esta licitación petrolera fue la confirmación de que las políticas impulsadas por el presidente Michel Temer han sido fructíferas. Naki Mendoza, director del segmento de energía del Americas Society / Council of the Americas (AS/COA), explicó que, a diferencia de las últimas licitaciones brasileñas, en 2017 estuvieron presentes en la licitación grandes compañías, las cuales presentaron ofertas agresivas para llevarse los bloques. En total, la licitación alcanzó a recaudar mil 200 millones de dólares en bonos a la firma (un solo bloque recibió 605 millones de dólares de oferta), el monto más alto en toda la historia de Brasil y que contrastan con los 38 millones que se obtuvieron en la última licitación. Las inversiones del programa mínimo de trabajo ascienden a 267 millones de dólares en las áreas adjudicadas.

En un entorno de bajos precios petroleros, los campos mexicanos y brasileños son puestos a competir como los más  prometedores de Latinoamérica por su prospectiva y apertura a la industria internacional. Aunque ambos países tienen diferencias sustanciales en sus modelos energéticos, comparten bases similares: cada año se ofrecen un grupo de bloques petroleros bajo un modelo contractual definido.

Las ventajas de Brasil vs México

WoodMackenzie explica en su reporte Las Rondas de Aguas Profundas en México y Brasil: Valor Vs Volumen, que una de las ventajas con las que cuenta Brasil son descubrimientos en aguas profundas hasta 230 por ciento más grandes que los campos mexicanos.

El bloque  Libra, uno de los más grandes a nivel mundial, está ubicado en el área una de las cuencas de aguas profundas más prometedoras y algunos estimados indican que tiene entre 10 mil y 44 mil millones de barriles de petróleo in situ (Oil In Place) de los cuales el 25 por ciento es recuperable con costos de entre 10 y 35 dólares por barril.

A esto se le suma que en Brasil la producción en aguas profundas inició hace casi una década (2009), mientras que en México aún es un área sin producción y en etapas iniciales de exploración.

Por último, las regulaciones ambientales carecen de periodos definidos, que hacen incierto el desarrollo de pozos y la construcción de infraestructura.

Los puntos a favor de México

A pesar de tener sus cuencas mejor estudiadas, México puede sacar ventaja para hacer atractivos sus campos a través del régimen fiscal. Una ventaja del sistema mexicano, explica WoodMackenzie, es que la mayor parte se pagan cuando el proyecto está generando flujos de ingreso, mientras que en Brasil hay una carga más alta en las primeras fases de descubrimiento y desarrollo. Esto no significa que se pagan menos impuestos, sino que se pagan en momentos de mayor estabilidad de ingresos para las empresas.

En riesgos above-ground, México también saca ventaja a partir de distintas cualidades como la facilidad para hacer negocios y la percepción del riesgo.

En el primer caso, México es el primer lugar en Latinoamérica en facilidad para hacer negocios, de acuerdo con la clasificación del Banco Mundial con 45 puntos mientras que Brasil es el lugar 23 con 121 puntos.

Como lo señalamos, la reducción en el contenido nacional mínimo es también una condición que diferencia las licitaciones entre uno y otro país. Recientemente, Brasil redujo el porcentaje mínimo de contenido nacional obligatorio en sus licitaciones (el detalle lo puedes consultar en este artículo) a niveles que su industria puede tratar de cumplir, pero aún debe probar si los niveles que requiere a las compañías están en niveles competitivos o si deberá realizar una modificación adicional. México, en ese aspecto, ha buscado establecer contenidos basados en las capacidades de los contratistas mexicanos.

Nuevas licitaciones

En ambos países las licitaciones para el desarrollo de campos petroleros serán una constante. México tiene en marcha el último concurso de la Ronda 2 para aguas profundas, distintas licitaciones de asociación con Pemex y recientemente se publicó la licitación para el primer concurso de la Ronda 3 en aguas someras. En los siguientes años se considera la licitación de 253 campos petroleros (incluyendo los de la Ronda 3), de acuerdo con el último Plan Quinquenal aprobado.

En Brasil, antes de que termine octubre se conocerán los resultados de los últimos concursos petroleros que incluyen campos en aguas profundas en el presal y en los siguientes 2 años se lanzarán al menos 6 concursos más, de acuerdo con el plan aprobado.

Brasil y México petroleros: más parecidos que diferentes

Ambos países tendrán elecciones presidenciales el próximo año. Las nuevas administraciones serán clave para consolidar sus recientes reformas y definir qué lugar ocuparán en competitividad petrolera y capacidad de atracción de inversiones.

En ambos países hay, como en muchas pre-campañas, retórica que aún es difícil decantar en planes realistas. Pero también hay un consenso entre expertos sobre la necesidad de inversiones.

En ambos países, la carrera por las inversiones será reñida mientras ambos países buscan imprimir competitividad en sus sectores petroleros. Como la firma de análisis Stratfor señaló recientemente “Pemex necesita la experiencia y el soporte financiero de las empresas internacionales para sacarle provecho a los campos petroleros en aguas profundas. Brasil, por su lado, ha aprendido las limitaciones de una industria energética nacionalizada ‘a la mala’. Pero mientras que el populismo sea una fuerza viva en los países, sus sectores energéticos y las empresas extranjeras que busquen oportunidades para invertir, tendrán que estar atentas a las fluctuaciones políticas”

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