Pablo Medina: Esto es lo que le falta a Pemex

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Por: Pablo Medina

Gracias a la Reforma Energética, Pemex tiene nuevas herramientas y un poco más de autonomía. Pero hasta ahora, ha quedado debiendo en un tema indispensable: el rediseño de su portafolio. Aunque ha habido algunos chispazos aislados, no queda claro que se hayan dejado completamente atrás las prácticas de todología para finalmente enfocarse en la generación de valor.

En línea con el principio de Pareto, veinticinco campos aportan el 80 por ciento de la producción de aceite de Pemex. Lo demás son, en su mayoría, un lastre innecesario y deberían de salir de su portafolio. No ameritan la atención de Pemex, una petrolera de 1.8 millones de barriles diarios. Hay una gran cantidad de petroleras pequeñas quienes podrían hacer maravillas de estos campos dado que enfocarían su completa atención en ellos.

Durante la Ronda Cero, Pemex desaprovecho una oportunidad de hacer un highgrading más profundo de su portafolio enfocándose en los campos con mayor rentabilidad. La petrolera se quedó con la enorme mayoría de las reservas probadas, incluyendo campos de poco potencial. En 2017, el gobierno decidió extender sus asignaciones exploratorias aun sin haber cumplido con la actividad mínima requerida. Sin duda, el compromiso era sustancioso y la caída de los precios del crudo complico esta tarea. No obstante, fue otra oportunidad perdida para acelerar la implementación del nuevo modelo, de empezar a librarse del mandato herculino de producir todos los hidrocarburos del país. Para evolucionar, Pemex tiene que entender que menos es más y que las asociaciones pueden traer nuevas perspectivas a viejos retos.

Hay muchos ejemplos en Latinoamérica de como petroleras estatales han usado asociaciones para ir desarrollando una ventaja comparativa. En Brasil, Argentina y Colombia, las empresas estatales han sacado provecho de asociaciones para desarrollar su propio expertise en aguas profundas (Petrobras), no convencional (YPF) y en recuperación mejorada (Ecopetrol). Pemex podría aprender de los mejores para poder desarrollar ciertos tipos de yacimientos técnicamente complejos como aguas profundas, aceite pesado y recuperación mejorada.

El diseño del proceso de farmouts ha sido un obstáculo. Buscando maximizar la transparencia, se requirió que Pemex buscase socios para sus campos a través de una licitación. No obstante, esto crea cuellos de botella y limita la escala y velocidad del proceso. El próximo gobierno tendrá que encontrar un balance entre tener suficiente transparencia y permitirle flexibilidad a Pemex para tener un piso parejo. No hay que perder de vista que prácticamente todas las petroleras, incluyendo las estatales latinoamericanas tienen la capacidad de negociar directamente con sus socios potenciales. Para poder rediseñar su portafolio de acuerdo con criterios económicos, de generación de valor, también es clave liberar a Pemex de los grilletes de su propia ineficiencia operativa y los mangoneos de los tiempos políticos. Sería ideal que en el futuro los Directores Generales de Pemex tuviesen experiencia internacional en el sector y que pudiesen permanecer en el puesto por más de 3 años. ¿Como se pretende establecer una visión de largo plazo sin permitirle al liderazgo establecer e implementar objetivos y procesos duraderos?

El rol que Pemex jugará el próximo sexenio puede ser la pieza faltante del rompecabezas energético. Siempre ha tenido un rol ambiguo: satisfacer intereses políticos y a la vez funcionar como una petrolera. Se le pide competir en este nuevo ecosistema post-Reforma Energética, pero para lograrlo sus directrices tienen que evolucionar. La máxima de Pemex tiene que ser la creación de valor.

Las campañas suelen consistir en mucho ruido y poca substancia. No obstante, México requiere de propuestas concretas de sus candidatos presidenciales, particularmente acerca del futuro de Pemex. Si algo nos ha demostrado el pasado, es que es un error exigirle hacer todo. Vayamos más allá y pensemos en un nuevo Pemex; México lo merece.

P.D. – Tomándome la enorme libertad de dejar temas financieros a un lado, ¿algún candidato se atreve a dejar el tabú y pensar en las mejoras que implica un IPO hablando de rendición de cuentas y gobierno corporativo?

 

Pablo Medina es VP en Welligence, firma dedicada al análisis del sector petrolero latinoamericano usando big data.

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2 comentarios

  1. Excelente nota Pablo como siempre concordamos en el tema de la implementación de las mejores practicas operativas y metodologías financieras para el desarrollo de un modelo de portafolio basado en la «selectividad» de los proyectos donde se tiene una ventaja competitiva sobre los demás participantes. Claramente para hacer uso eficiente de los recursos finitos tiempo-capital se tiene que buscar una función que permita encuadrar el riesgo para después maximizar el retorno. Desafortunadamente no podemos pedirle peras al Olmo. PEMEX es un árbol que creció torcido, puesto que su objetivo primario no era la eficiencia operativa, sino la producción bajo un regimen populistas con el fin de controlar el insumo energético del país como una herramienta de manipulación política via los agremiados al sindicato de la empresa mas grande del país. Nos gustaría pensar que podemos enderezar el árbol pero como una Ceiba torcida vemos que ahora ya no quedan mas que una solución, cortar de tajo. Posiblemente se pudiera salvar los frutos o partes para trasplantar pero seria necesario cambios de fondo los cuales basados en las corruptas practicas del sindicato petrolero y en particular de ciertos allegados al candidato de la izquierda nos hacen cuestionarlo seriamente. Con relación al IPO yo como administrador de capital no lo tocaría ni con una vara de 50 mts. prefiero comprar la deuda para que cuando se rematen los activos tengamos una voz a la mesa en la repartición del único valor de PEMEX los campos y reservas sin los lastros que significan los pasivos del sindicato.

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