¿Cómo nos estamos preparando para el gas natural del futuro?

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De acuerdo con el escenario de “transición en evolución” en su reciente Energy Outlook, BP predice que, de aquí a 2040, el consumo de gas natural crecerá en 1.6 por ciento al año. El de crudo, en contraste, crecería a 0.5 por ciento al año. El de carbón prácticamente permanecería constante.

El resultado será que, hacia 2040, el gas rebasaría al carbón convirtiéndose en la segunda fuente más importante de energía a nivel global. De hecho, el gas prácticamente alcanzaría al crudo.

Son buenas noticias para los productores de gas —y muy buenas noticias para Norteamérica como región. De acuerdo con el mismo análisis, esta región jugará un rol indispensable para satisfacer la creciente demanda de gas. En términos absolutos, la producción de gas en Norteamérica incrementaría en 35 por ciento hacia 2040, para llegar a representar 41 por ciento de la producción global (de un 32 por ciento actual).

En contraste, la participación de Norteamérica en la producción de otros hidrocarburos disminuiría significativamente rumbo a 2040. La de crudo pasaría de 36 a 29 por ciento y la de carbón de 14 a 4 por ciento (Fig. 1)

Fig. 1 Consumo de energía por tipo de combustible en Norteamérica

Mbd: millones de barriles diarios // mmpcd: millones de pies cúbicos diarios // mtpce: millones de toneladas de petróleo crudo equivalente.
Fuente: BP Energy Outlook de Norteamérica

México, un destacado productor de crudo a nivel global, ha sido menos significativo como productor de gas. Durante las últimas dos décadas, la producción de crudo de México ha sido consistentemente mayor al 2 por ciento global (y 13 por ciento de la región). Ha llegado, de hecho, a más de 3.5 por ciento global (y 21 por ciento de la región).

En materia de gas, en contraste, no hemos logrado rebasar el 6.3 por ciento. Hoy, nuestra producción de gas representa 4.7 por ciento de Norteamérica y 1.5 por ciento a nivel global.

En el corto y mediano plazo, las noticias no son particularmente buenas. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (p.69), la producción de gas convencional caerá significativamente (un 10 por ciento aproximadamente), aún en el escenario de “nuevas políticas”. Hacia 2040, el nivel de producción de gas convencional sería apenas comparable al actual. La mayor producción global, sin embargo, habría diluido la participación mexicana tanto en el mercado norteamericano (a 3.4 por ciento) como en el global, a 1.3 por ciento.

El shale, si logra ser competitivo, transformaría esta perspectiva en el largo plazo, agregando más de 30 por ciento a la producción total de gas en el largo plazo. Si logramos que el shale gas mexicano despegue, podríamos conservar nuestra participación actual en Norteamérica (4.7 por ciento). En consecuencia, nuestra participación global aumentaría a 1.9 por ciento, poniendo a México en mejor posición para satisfacer su propia demanda de gas.

Es importante señalar que, a pesar de que la Agencia estima que el shale mexicano sería relevante a partir del 2030, hay un nivel de incertidumbre alto en torno a cuándo realmente despegaría. Como la Agencia explica: la evolución de los costos de exploración y producción y los precios de gas natural en Estados Unidos van a tener una alta influencia en la relativa atractividad de los desarrollos en México. En lo que eso ocurre, la producción de gas en México seguirá siendo altamente dependiente del gas asociado, como lo explicamos hace unos meses.

Estamos haciendo la pregunta equivocada, entonces, cuando cuestionamos si hoy el shale mexicano puede competir al tú por tú con el de Estados Unidos. La clave, como siempre, es el largo plazo. ¿Estamos poniendo las bases para que desde hoy empecemos a encontrar las soluciones para desarrollarlo competitivamente? Si la respuesta es no, nos estamos condenando a ser un productor marginal de un energético que, cada vez, va a ser más importante.

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