Marco Ramos: ¿Quién (a)pagará la luz?

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La condonación de la deuda de los morosos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es una señal de la poca gobernanza de las empresas estatales; de que la opinión del consejo de administración es consultiva y de una probadita de los incentivos que se generarán en el próximo sexenio. ¿Para que pagar la luz si alguien más lo hará?

Apenas me levanté y revise el celular, el primer mensaje fue de unos compañeros que compartieron una nota periodística en un grupo de whatsapp sobre la condonación de deudas para los morosos de CFE. El segundo mensaje fue un llamado a dejar de pagar y, al mismo tiempo, un regaño a los que sí lo habían hecho. ¿Fue un error pagar la luz este mes? La seguridad de las declaraciones parecía indicar que, sin duda, una de las promesas de campaña del presidente electo se iba a cumplir.

De cumplirse, representaría un premio a los morosos y un castigo para el resto de los ciudadanos, un incentivo muy perverso. ¿Quién va a pagar la luz?, como todos sabemos, o aparentemente casi todos, la energía no es gratis y alguien tiene que pagar la cuenta. Aquí hay de dos sopas: o que se cargue la cuenta a CFE, que indirectamente pagaremos los ciudadanos a través de nuestro omnisciente recibo de luz; o que se cargue a cuenta del gobierno, lo cual es exactamente lo mismo pues tendríamos que pagar por la luz de los morosos a través de nuestros impuestos. Es decir, estaríamos financiando políticas que, de alguna manera, frenan el tan prometido crecimiento económico.

No todos los morosos serán beneficiados, tan solo un grupo selecto. Probablemente solo aquellos provenientes de los estados más fieles a la esperanza de México. Habrá justicia social solo en el sureste, presumiblemente solo en Tabasco. Se trata de un premio a la fidelidad. Un premio que pondría en evidencia que las Empresas Productivas del Estado (EPEs) siguen atadas a los intereses del grupo del poder en turno.

Esta situación es más preocupante porque pone en evidencia que todos los recursos, tanto económicos como políticos, invertidos en mejorar la gobernanza de las paraestatales no han servido mucho. Uno de los argumentos de estos cambios era emancipar su desempeño de los recurrentes y caprichosos vaivenes político. En teoría, según las mejores prácticas internacionales, el Director General debe velar por el buen funcionamiento de la empresa, no del proyecto político en turno, y debe rendir cuentas al Consejo de Administración, no necesariamente al Presidente.

La señal de que el proyecto político que arrasó las urnas esta mandando va en varias direcciones; en primer lugar, es acerca de quién en realidad controlará las EPEs, el mismísimo Presidente; en segundo lugar, que no se necesita la opinión ni apoyo de los consejeros para tomar decisiones de este tamaño, quienes, en teoría, deberían llevar las riendas de la empresa; en tercer lugar, que las EPEs, seguirán siendo un accesorio de la política; y finalmente, que aún no hay un buen gobierno corporativo que sirva de contrapeso a este tipo de decisiones tomadas fuera de la empresa.

Hay que distinguir entre lo que es bueno para la empresa; para el gobierno; para el desarrollo del país y para los mexicanos; no necesariamente coinciden. Si la deuda de unos la pagaremos entre todos, ¿qué incentivos hay para pagar? Aparentemente, este es el dilema al que nos enfrentaremos los próximos 6 años, y no solo con la luz ¿Desaparecerá ese monto como arte de magia? No vaya a ocurrir otro apagón….

 

Marco Ramos (@marcoyel21)

Marco Antonio Ramos Juárez, internacionalista del ITAM enfocado en Política y Economía; investigador de CIDAC/México Evalúa en el área de “Regulación y competencia económica” y productor de cine independiente. 

 

 

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1 comentario

  1. en efecto, se trata de un incentivo perverso que beneficia a unos (los morosos) en perjuicio de otros (los que si pagan) lo que representa un trato inequitativo, que ademas afecta a las finanzas de la CFE, ademas de fomentar una cultura del incumplimiento con la premisa del “no pago, pa´que”

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