Energía nuclear, ¿una tecnología a considerar?

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Desde hace un par de años, el Programa Nacional de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) considera la ampliación de la central nucleoeléctrica de Laguna Verde – actualmente, la única en el país-como una solución eficiente para atender la creciente demanda eléctrica. La última edición del PRODESEN contempla construir tres nuevos reactores que añadirían 4,080 MW de capacidad a los 1,608 MW con los que ya cuenta la central. De acuerdo al documento, la entrada de operación de estos nuevos reactores tendría lugar entre 2029 y 2031, lo que implicaría que los proyectos comenzaran en la próxima administración.

¿Es una propuesta que vale la pena mantener?

Las centrales nucleoeléctricas producen energía bajo los mismos principios que otras unidades termoeléctricas. Estas generan vapor para mover una turbina conectada a un generador que transformará el movimiento rotatorio en energía eléctrica.  Sin embargo, a diferencia de las centrales tradicionales, las plantas nucleares utilizan la fisión nuclear y no un proceso de combustión para generar calor y convertir el agua en vapor. Los combustibles nucleares más utilizados son los isótopos del Uranio y el Plutonio, en Laguna Verde se usan isótopos de Uranio.

La energía nuclear despierta opiniones polarizadas en la sociedad pues existen dos riesgos particulares asociados al proceso nucleoeléctrico: la posibilidad de un accidente nuclear, Chernóbil fue el peor escenario posible, y el riesgo de proliferación, es decir, el uso de los combustibles nucleares para fines no pacíficos.

Sin embargo, la fisión nuclear también otorga a las centrales nucleoeléctricas sus mayores ventajas. Estas son altamente eficientes y producen grandes cantidades de energía de manera constante y confiable, emitiendo prácticamente cero emisiones a la atmosfera durante todo su ciclo de vida. El casi nulo nivel de emisiones la hace una tecnología altamente atractiva para mitigar los efectos del cambio climático.

Para México, el aumento en la capacidad de energía limpia es crítico para cumplir con las metas que se ha planteado en la Ley de la Transición Energética. El artículo Tercero Transitorio de este instrumento, establece que 30% de la electricidad generada en México para 2021 y el 35% para 2024 debe provenir de energías limpias. En la Estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles más Limpios, se amplía el horizonte hasta 2050, cuando el 50% de la electricidad deberá provenir de tecnologías limpias. Todas estas metas son legalmente vinculantes y están alineadas a la estrategia de cambio climático que México ha presentado.

El Estado mexicano reconoce el beneficio de la energía nuclear al incluirla en la lista de Energías Limpias descritas en la Ley de la Industria Eléctrica. Las tecnologías reconocidas como limpias son acreedoras a ciertos beneficios como los Certificados de Energía Limpia, que les permiten recibir ingresos extra a través de su venta en el mercado. No obstante, la legislación mexicana también reconoce sus riesgos, por lo que el Artículo 27 Constitucional declara que el aprovechamiento de los combustibles nucleares para la generación de energía está reservado al Estado y sólo podrá tener fines pacíficos.

La experiencia internacional demuestra que no solo es posible operar un parque de generación nuclear de mayor escala en una forma segura, sino que es lo más común. Por ejemplo, Francia produce 72% de su electricidad con 58 reactores nucleares. Laguna Verde genera apenas el 3% del total de energía eléctrica consumida en el país. Afortunadamente, los niveles de seguridad continúan mejorando continuamente, así como los protocolos de actuación en casos de desastre. Gracias a esto, el impacto del accidente en Fukushima fue mucho menor que en el caso de Chernóbil, a pesar de tener causas totalmente distintas.

Ampliar o no la capacidad actual de Laguna Verde – o incluso contemplar una nueva central nuclear – no debe ser visto en blanco y negro, sino resultado de un profundo análisis técnico, económico, ambiental y social.  Las ventajas y desventajas de esta tecnología deben ser consideradas y analizadas bajo una óptica imparcial. En este análisis no deben olvidarse los impactos asociados a otras tecnologías de generación que nos resultan más familiares y, por lo tanto, menos amenazantes.  La alta mortalidad y morbilidad asociada a la contaminación del aire es una externalidad del uso de combustibles fósiles que suele pasar desapercibida al ser menos tangible.

El resultado de ese análisis podrá derivar en la continuación o anulación del proyecto, dependiendo de las prioridades establecidas por la administración en turno. El único error sería desechar de entrada, sin un análisis previo, la idea de ampliar la capacidad nuclear de México sin considerar su potencial tanto en términos de seguridad energética como en la lucha contra el cambio climático; este último es uno de los mayores retos que enfrenta el mundo actualmente y que pone a países como México en un grave riesgo hacia el futuro.

 

Montserrat Ramiro, Catalina Delgado y Mariana Jiménez

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