El camino a la seguridad energética pasa por la cooperación internacional

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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) existe desde 1961. Pero fue hasta 1994, justo después de firmar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que México se convirtió en un miembro, uno de los 15 que ingresaron después de su fundación. Es decir, la membresía de México a la prestigiosa OCDE —que, por cierto, hoy es liderada por José Ángel Gurría, un mexicano— es producto en buena medida de la decisión de apertura que se tomó al firmar el TLCAN.

De igual forma, la reciente entrada de México a la prestigiosa Agencia Internacional de Energía (AIE) es producto, en gran parte, de su reforma energética. Es una clara señal que México emite al mundo de su compromiso con la apertura y cooperación energética transparente —un ancla institucional que nuestro país arroja en torno a los principios que animaron a la reforma. Representa, de alguna forma, a México entendiéndose como una economía sofisticada, un importante consumidor de energía, que quiere identificarse más con la OCDE que con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

La Agencia existe desde 1974. Fue creada en torno a la crisis energética de los años 70, generada por los embargos petroleros árabes. Ideada por Henry Kissinger, quien identificó debilidades estructurales en la OCDE para fungir como un auténtico contrapeso a la OPEP, la AIE tiene como mandato principal asesorar a los grandes consumidores de energía que pertenecen a la OCDE.

Como tal, el corazón de la Agencia late en torno a la seguridad energética.

La seguridad energética, concepto clave para cualquier gran consumidor de energía

La seguridad energética es un concepto que México, como la mayoría de los miembros de la OPEP, ignoró por mucho tiempo. La abundancia de Cantarell le dio al país, por varias décadas, una seguridad energética muy por encima de la media de la OCDE, de acuerdo con el International Energy Security Risk Index del US Chamber of Commerce que se refleja en la Figura 1.

Aunque México, de acuerdo con el reporte de 2016, ha estado típicamente expuesto a los riesgos ‘de mercado’ del sector energético, se ha posicionado muy por encima de la medida en el indicador de importaciones de combustibles, entendido como balanza comercial total en toda la cadena de valor petrolera. Sin embargo, la posición comparativa de México en seguridad energética, que por muchos años dependió de esta fortaleza petrolera, se está debilitando. Su ventaja respecto a la OCDE ha disminuido en la última década —de 30 por ciento menos riesgo que el promedio de la OCDE, en 1983, a sólo 10 por ciento en 2010. (Nota: El mismo índice habla del potencial de la reforma para permitir a México recuperar sus ventajas comparativas. Sin embargo, esta discusión escapa del propósito del artículo).

Figura 1:

Fuente: Institute for 21st Century Energy

Momento de hacerle caso a la Agencia en sus recomendaciones generales.

La entrada de México a la Agencia, igual que en su momento fueron la reforma energética o la firma del TLCAN, parece ser una necesidad pragmática. Hoy, México tiene que aprender a pensar en la seguridad energética como una variable que se gestiona, no como una dotación que la geología le regaló.

Una manera natural de pensar en seguridad energética concepto es a partir de las principales exigencias que la Agencia plantea a todos sus miembros:

  • En caso de ser un importador neto de petróleo, la Agencia exige mantener reservas de crudo y/o equivalente por al menos 90 días del consumo promedio en el año anterior. En caso de cumplir esto bajo Medidas de Coordinación de Emergencia, el país debe tener legislación para poder operar este mecanismo.

    Mexico, al ser un exportador neto de petróleo, está exento de esta obligación. Pero, más que dormirse en sus laureles, debe trabajar fuerte para continuar siendo un exportador neto.

     

  • La Agencia pide un plan para reducir el consumo petrolero en 10 por ciento.

    Esta meta es consistente con las necesidades de un consumidor de energía, que fortalece su seguridad en la materia al diversificar sus fuentes primarias de suministro y promover la eficiencia. El nuevo modelo energético mexicano se alinea perfectamente con esta visión.

     

  • Entendiendo que la transparencia y el acceso a la información es clave para promover la seguridad energética, la Agencia pide que los países miembros obliguen a todas las compañías petroleras a reportar información clave bajo estándares estrictos.

    Esto coincide con el objetivo de utilizar a la reforma como un mecanismo que fortalezca la transparencia e inyecte mayor confiablidad a los datos petroleros que México reporta.

… y también en sus recomendaciones particulares para México

Como es claro a partir de la lista de exigencias a sus miembros, la Agencia sigue siendo fiel a sus principios creadores: continúa teniendo un claro foco en reducir el consumo de hidrocarburos (que típicamente se han asociado a dificultades geopolíticas).

Sin embargo, la Agencia también reconoce la importancia global del gas y petróleo en las próximas décadas. Su director, Fatih Birol, recientemente declaró que, de aquí a 2040, estima un crecimiento lento pero sostenido en la demanda global por hidrocarburos. Es decir, a pesar de tener un claro interés en la diversificación —y ser pionera en plantear escenarios globales de planeación que buscan disminuir la participación de las energías fósiles en la matriz global— contradice directamente a quienes recomiendan cortar de tajo con el sector petrolero. Con ello, comprueba que la seguridad energética, la prioridad de nuestros tiempos, no está peleada con los hidrocarburos —sino que necesita grandes cantidades de ellos.

De hecho, para el caso mexicano, la Agencia ha explicado que, gracias a la reforma energética, México puede regresar a producir 2.8 millones de barriles diarios de crudo. El camino, de acuerdo con su Mexico Energy Outlook, pasa por atraer $640 mil millones de dólares en inversión en los próximos 24 años.

El camino a la seguridad energética está tanto en la diversificación como en el crecimiento total de la oferta, tal como el nuevo modelo energético mexicano y la AIE coinciden en apuntar. Así como el ingreso de México a la OCDE selló simbólicamente la apertura de la economía mexicana, el ingreso a la AIE sella simbólicamente la apertura de la industria energía mexicana. Es momento de aprovechar esta plataforma.

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