Crónica de una apertura anunciada

Author: No hay comentarios Share:

Sea para consumir o para explicar causalidad, la verdad es que lo inmediato atrae. Así, es fácil que un buen desempeño en un juego de boliche o béisbol lo atribuyamos (erróneamente) a ‘una buena racha’ (para infortunio de los supersticiosos, Tversky y Vallone demostraron hace tres décadas que las rachas no existen). De igual forma, es fácil que la caída en la producción del último par de años se le impute (erróneamente) al nuevo modelo.

Lo mismo sucede con la propia construcción del modelo. Por su visibilidad, importancia y novedad,  es fácil que concluyamos (también erróneamente) que lleva 4 sólo años en construcción.  La verdad es que el modelo energético de México, que lleva competitividad y apertura en el corazón, lleva 3 décadas forjándose.

Desde los años 80, cada presidente mexicano ha pasado o propuesto reformas que buscan abrir alguna parte del sector energético a la inversión. Todos han concluido que ésta es la clave para asegurar la producción de energía del país para suministrar su demanda interna, generar empleo, detonar inversiones y acelerar el crecimiento del país. Pero todos se han topado con un gran freno político e ideológico.

En este sentido, lo que logró esta administración es único. Pero no fue tanto a partir de generar nuevas ideas, sino de encontrar el ritmo y la forma de hacerlo realidad. La creación del nuevo modelo energético mexicano representó la culminación de un esfuerzo de tres décadas.

Parafraseando una explicación del Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, el cambio llegó tarde pero a tiempo. Los pronósticos, hechos tanto por el gobierno como por organismos multilaterales, aún enseñan que podemos revertir la tendencia declinante.

Pero también es cierto el rezago de no realizar los cambios necesarios ha cobrado su precio. A pesar de que las inversiones bajo el antiguo modelo se exponenciaron, llegando a su límite entre deuda y presupuesto público, la producción petrolera ha decaído en más de 40 por ciento. México entra a esta nueva fase con toda una historia de crecimiento por detrás pero con infraestructura limitada y enormes necesidades por atender.

Esta situación crítica quizás se pudo haber evitado con una apertura más temprana. Aunque el hubiera no existe, de todos modos vale la pena revisar la historia para aprender de ella.

 

  • Gasolineras

El hecho de que todas las gasolineras del país operaran, por décadas, bajo la marca de Pemex no significa que el sector estuvo exento de inversión privada. De hecho, es un reconocimiento tácito, aún antes de que empezaran los esfuerzos reformadores, de que el Estado no puede ni debe hacerlo todo. Una gran mayoría de las casi 12 mil gasolineras del país operan bajo un sistema de franquicias: el inversionista privado construye y desarrolla las gasolineras y se encarga de su operación diaria bajo las directrices de Pemex.

 

  • Autoabastecimiento y cogeneración

Durante las administraciones de Echeverría y de la Madrid, se le abrió la puerta a la inversión privada para generar electricidad, bajo la figura de autoabastecimiento y cogeneración. Se reconocía, desde aquel entonces, que en algunos casos, la generación de electricidad podía ser más una carga que un beneficio para el Estado —y que el Estado en ocasiones podía ser más freno que palanca de desarrollo.

El cambio, desafortunadamente, tuvo un impacto muy limitado. No porque direccionalmente fuera una idea equivocada sino porque ambas aperturas, en el contexto del momento, fueron demasiado ‘de nicho’.

Fue hasta la llegada de los Productores Independientes de Energía (PIEs) que se empezó a notar un cambio relevante.

 

  • La división de la petroquímica

En 1986 se decidió dividir en 2 partes a la industria petroquímica para liberar algunos productos que habían estado bajo la tutela de Pemex. En una década, el número de compuestos que sólo Pemex podía producir y comercializar, bajó de 70 a 9. Los reservados al Estado fueron los principales productos que eran materia prima para el resto de la cadena, lo cual evitó la construcción de cadenas integradas que incentivaron las importaciones. A pesar de estas restricciones, muchas empresas se establecieron en el país aunque su cadena de abasto está dividida entre importaciones y compras a Pemex.

 

  • PIES

Como tiende a ser el caso con reformas de mayor calado, fueron la restricción en el gasto público y el endeudamiento los que realmente comunicaron la necesidad de cambiar el modelo energético mexicano de uno completamente cerrado a las inversiones privadas a otro donde éstas se permitieran.  En 1992 se reformó al sector (P. 82) para asegurar la inversión privada en la generación de electricidad. El cambio legal creó a los Productores Independientes de Energía (PIEs) —empresas privadas que construyen sus centrales eléctricas y le venden la energía generada a Comisión Federal de Electricidad. Los PIEs crecieron a raíz de esta modificación a tal grado que han llegado a abastecer más de la mitad de la demanda de energía nacional.

Los PIEs y, más recientemente, la figura renovada de autoabastecimiento, han impulsado de forma muy importante el uso de tecnologías de punta, como la generación a partir de plantas ciclo combinado (más limpia y eficiente que las termoeléctricas convencionales) y a partir de energías renovables.

 

  • Inversión en transporte y almacenamiento de gas natural

En 1995 se permitió la inversión de empresas privadas en la construcción de gasoductos y en el almacenamiento de gas natural; sin embargo, como BBVA concluyó (p11), las ventas de la molécula quedaron atadas al monopolio de Pemex al ser una materia prima. Las inversiones estuvieron acotadas a la construcción de algunos gasoductos privados para abasto de un grupo grande de empresas y, en años previos a 2013, a la demanda de Comisión Federal de Electricidad.

En almacenamiento de gas natural, la incertidumbre sobre la propiedad de los hidrocarburos afectó los planes de inversiones, las cuales permanecieron ancladas sólo al desarrollo planeado de Pemex. No obstante, en gas natural licuado se concretaron inversiones que terminaron en la construcción de dos centrales: una en Tamaulipas y otra en Colima.

En 1995 también se permitió la distribución de gas natural en distintas regiones del país bajo modelos de licitación que convocó la recientemente creada Comisión Reguladora de Energía (CRE).

 

  • PIDIREGAS

Para cumplir las metas de inversión en el sector energético, entre 1995 y 1996 se crearon los modelos de inversión Proyecto de Infraestructura Productiva de Largo Plazo (Pidiregas), donde el sector privado construía infraestructura y posteriormente la empresa del Estado (Pemex o CFE) se la reembolsaban. El problema de estas inversiones fue la carga financiera que representaban. En un análisis apenas de 2003, se calculó que los gastos por estos proyectos de financiamiento ascenderían a 210 mil millones de pesos bajo este esquema sólo en el sector eléctrico.

 

  • CIEPs y COPFs

Los Contratos de Obra Pública Financiada (COPFs) (que previamente eran conocidos como Contratos de Servicios Múltiples) se crearon para realizar una ejecución de las obras públicas que integraron distintos servicios en uno solo. Anteriormente, Pemex contrataba cada servicio individualmente, lo cual afectaba su capacidad para generar eficiencias. De 2003 a 2010 se celebraron 8 contratos de este tipo.

Producto de la reforma de 2008, se crearon los Contratos Integrales de Exploración y Producción (CIEPs) donde Pemex contrataba a una empresa para operar a su nombre un campo pero su pago no dependía ni del valor de la producción ni se le permitía la comercialización de los hidrocarburos. El esquema demostró ser difícil de administrar, lo cual limitó su impacto.

Cabe señalar que en ambos casos, los CIEPs y COPFs están entre los planes de migración a contratos de exploración y producción de la reforma energética de 2013.

 

El nuevo modelo energético mexicano, en lugar de plantear una apertura por partes, combina todos los eslabones de la cadena energética para generar una apertura coordinada, donde las fuerzas de la competencia y la colaboración que caracteriza a la industria energética, se aprovechen plenamente.

 

Previous Article

Tiempos regulatorios

Next Article

Opinión: México 2018: ¿qué le depara al sector energético?

Recomendaciones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *